El más complicado proceso de reformas de la historia de la U.E.




El dictamen del Tribunal Constitucional checo favorable al Tratado de Lisboa levantó ayer el último obstáculo para la entrada en vigor de la reforma de las instituciones europeas, y permite que entre en vigor el primero de diciembre, tal como ha anunciado la presidencia sueca.
El recalcitrante presidente checo, Vaclav Klaus, había prometido que una vez ventilado el trámite del tribunal y después de que se le concediera la exención de la Carta de Derechos y Libertades fundamentales, como había pedido, firmaría el documento de ratificación «lo antes posible». Lo hizo apenas un par de horas después de la publicación de la sentencia, sin ocultar su profundo desacuerdo con un texto que a su juicio significa que «la República Checa ha dejado de ser un Estado independiente».

Antes de lo previsto
Todos los responsables europeos han respirado aliviados, una vez que se ha puesto fin al más complicado proceso de reformas de la historia de la Unión Europea. Como dice el mismo tratado,entrará en vigor «el primer día del primer mes» después de ser depositados los instrumentos de ratificación, es decir, el día 1 de diciembre.
La presidencia sueca ha anunciado también que a partir de este momento empiezan las consultas formales para la elección de un presidente del Consejo Europeo que reemplace al proceso tradicional de las presidencias semestrales rotatorias y de un Alto Representante que sustituirá a Javier Solana aunque con mayores competencias.
La presidencia sueca convocará en las próximas horas una cumbre extraordinaria -probablemente una cena en Bruselas- para acabar de cerrar el nombre del que será el primer Presidente del Consejo con un mandato de dos años y medio. Las fechas que están en los planes del primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, van del día 10 al 15 de noviembre, dependiendo de cómo avancen las negociaciones sobre el candidato de consenso. Las quinielas hierven en Bruselas y las capitales europeas, porque pasado el tiempo de la especulación, hay que entrar en el de las decisiones.
En términos prácticos, significa que el presidente del Consejo Europeo puede estar nombrado también con fecha 1 de diciembre, es decir, incluso un mes antes del inicio de la presidencia española. Las posibilidades de mantener el formato tradicional de los seis meses se diluyen con este calendario sobrevenido, lo cual podría ser bien recibido en La Moncloa, a la vista de los recortes presupuestarios con los que prepara el semestre de presidencia española.
El último nombre que ha aparecido en las quinielas es el del actual primer ministro belga, Herman Van Rompuy, que está a cargo de un país en crisis permanente y duda entre hacer caso a los cantos de sirena del Consejo Europeo o en seguir al timón del pequeño Reino de Bélgica en estos tiempos de turbulencias.
Van Rompuy se considera el «candidato de reserva» del presidente francés, Nicolas Sarkozy, una vez que la hipótesis de Tony Blair ha desaparecido. Sin embargo, mantiene el compromiso de apoyar al mismo candidato que la canciller alemana Angela Merkel, de quien fuentes europeas aseguran que está pensando en el ex canciller conservador austriaco Wolfgang Schussel.
Sarkozy y Merkel se pusieron de acuerdo en que sería un representante de un país pequeño, pero todavía no está claro cuál. El holandés Jan Peter Balkenende sigue siendo otro de los candidatos, aunque se le considera como el más atlantista de todos y el único que impediría una combinación con el actual ministro de Asuntos Exteriores británico, David Miliband, que probablemente sin haberlo pretendido se está esculpiendo la más sólida candidatura para Alto Representante, teniendo en cuenta que viene de un gobierno de izquierda, tal como pide el Partido Socialista Europeo. Su tono en el viaje a Moscú tuvo muy buena acogida en Bruselas.
Cameron: No al referéndum
Por si fuera poco, el Partido Conservador británico que lidera David Cameron -que tiene todas las de ganar en las elecciones del mayo- ha anunciado también su renuncia a convocar un referéndum para anular la ratificación del Tratado de Lisboa como había amenazado. Durante mucho tiempo se dijo que Klaus quería alargar el proceso para esperar refuerzos de los euroescépticos británicos. Esos refuerzos nunca llegarán.
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