Guinea-Conakry: fin a 50 años de dictadura


Tras un dramático año 2009 de gobierno militar, Guinea Conakry está dando un giro importante: las elecciones presidenciales, previstas para el 27 de junio, con una segunda vuelta el 11 de julio (si fuera necesario), se celebrarán casi con total seguridad. Sin candidato militar, Guinea está a punto de entrar en una nueva era, poniendo fin a más de 50 años de dictadura. En las calles de Conakry, el sentimiento es una mezcla de euforia e incredulidad: “¿Podemos realmente conseguirlo?”
El cambio ha llegado desde todos los sectores. El 3 de diciembre, tras el intento de asesinato del líder de la junta militar, el capitán Moussa Dadis Camara, se establecieron un gobierno y un Consejo Nacional para la Democracia y el Desarrollo. Dentro de este nuevo orden, algunos intentaron ralentizar la marcha de las elecciones con el deseo de conseguir un proceso electoral perfecto, otros para sacarle partido a corto plazo a este periodo transitorio; sin embargo, todos han sido marginados. La población está inmersa en un movimiento hacia la democracia, deseosa de pasar página al “Estado de excepción” impuesto por los tres dictadores que ocuparon la presidencia del país desde su independencia de Francia en 1958: Sekou Touré, Lansana Conté y Dadis Camara. Un claro ejemplo son todas aquellas personas dedicadas a hacer llegar las urnas hasta los pueblos más recónditos. Su trabajo es la prueba significativa de que el mayor escollo para la democracia electoral en África Occidental es la voluntad política y no los problemas técnicos.


El nuevo presidente interino, el general Sékouba Konaté, ha desempeñado un papel de vital importancia: ha enviado mensajes muy claros a las tropas de que el mandato militar debe acabar y de que el ejército tiene que volver a ganarse el respeto nacional e internacional, además de asegurar su neutralidad en el proceso electoral. Ha reestructurado los altos rangos del ejército para apartar a los violentos secuaces de Dadis Camara y no ha tolerado retraso alguno en el proceso de transición. Konaté, antiguo miembro clave de la junta militar, cambió de actitud, seguramente tras la masacre del 28 de septiembre de 2009, con el posterior aislamiento internacional y el intento de asesinato de Dadis Camara. La presión internacional ha sido clave.
Con una población cansada de la inestabilidad y un presidente interino que no es candidato, las próximas elecciones recuerdan a las de Liberia, que llevaron al poder a Ellen Johnson Sirleaf en 2005. Existen ciertos riesgos, como que los candidatos no acepten los resultados de un proceso imperfecto. No obstante, estamos ante una buena oportunidad para lograr una mínima credibilidad y para que un civil se convierta en presidente a partir de mediados de julio, siempre y cuando el ejército cumpla los requisitos exigidos.
Pero esto solo es el principio. En Liberia, 15.000 miembros de las fuerzas de paz de las Naciones Unidas salvaguardaron la transición a la democracia. Cuando Johnson Sirleaf llegó al poder, transfirió la reforma del ejército a Estados Unidos, mientras la ONU se ocupaba de la reforma del cuerpo de policía. Algo parecido sucedió en Sierra Leona, otro de los vecinos de Guinea Conakry, donde fuerzas de la ONU y la presencia británica contribuyeron a poner el país de nuevo en el buen camino, después de 10 años de guerra civil. Aunque imperfecta, la reforma del sector de la seguridad bajo el fuerte liderazgo internacional, ha significado un verdadero progreso para cada uno de estos países.
En Guinea, la tensión poselectoral no tendrá ese colchón de seguridad y las elecciones legislativas, programadas para finales de año, conllevarán sus propios riesgos de inestabilidad local. Será de vital importancia lanzar los mensajes adecuados al nuevo presidente, quien, en un momento tan frágil, debe evitar cualquier atisbo de parcialidad hacia su comunidad. Pero la tarea más importante a medio y largo plazo para la comunidad internacional es ayudar a reformar el ejército: reduciendo el número de militares de 45.000 estimados en la actualidad a una cifra que el país se pueda permitir, examinando a fondo los procesos de reclutamiento y entrenamiento, y lidiando con aquellos militares llegados con Dadis Camara en el poder que no tienen sitio en el ejército y a quienes hay que insertar de nuevo en la sociedad.
La ayuda a Guinea para reformar su ejército no ha escaseado en las últimas décadas, pero los esfuerzos internacionales han sido siempre a corto plazo y fragmentados. Los americanos entrenaron el batallón de los Rangers, formado en 2001 para hacer frente a Charles Taylor, entonces presidente de Liberia, y dividido posteriormente, con algunas de sus unidades absorbidas por la guardia presidencial y después por la junta militar. Otras unidades del ejército han sido entrenadas en países como China, Marruecos, Francia y EE UU, países lejanos entre sí geográficamente y también en cuanto a sus prácticas militares. Toda esta fragmentación, que puede crear división y rivalidad interna, debe evitarse en la actualidad. Es de esperar que la Ceeao (Comunidad Económica de Estados de África Occidental y también conocida como Ecowas, por sus siglas en inglés) coordine el esfuerzo internacional.  Sin embargo, la financiación para el entrenamiento y para una cuestión tan importante como las pensiones de los militares, provendrá probablemente de distintas fuentes, por lo que será necesaria la utilización de un fondo fiduciario o de un mecanismo similar que reúna todo el esfuerzo internacional.
Por encima de todo, es necesario que este esfuerzo sea a largo plazo. La reforma del caótico ejército guineano no se hará de un día para otro y no será barata. Las medidas a medias tienen el riesgo de generar un ejército que pueda echar por tierra todos los logros obtenidos para una democracia. Llevará tiempo crear una cultura de reclutamiento profesional y de respeto por las leyes civiles. A pesar del precio, un ejército más profesional y más reducido supondrá una victoria para Guinea Conakry y todos sus países vecinos.


Mohamed Jalloh (analista en el International Crisis Group).

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