Soberanía de El Ártico

La prioridad de las cuestiones energéticas y medioambientales en la agenda global ha situado al Ártico como área estratégica de primer orden. En suelo ártico se concentra el 30% de las reservas de gas natural y petróleo, además de una enorme riqueza marina y pesquera y, sobre todo, minerales, entre ellos diamantes y platino. De momento, el deshielo producido por el calentamiento climático hace posible la navegación durante los meses de verano a través de dos rutas del océano Ártico que comunican el Atlántico y el Pacífico, con el consiguiente ahorro en tiempo y dinero para el transporte de mercancías.
Cinco países –Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Noruega y Rusia– tienen la soberanía del territorio ártico, el derecho de explotación de sus recursos y la mayor responsabilidad en el mantenimiento de su ecosistema. Si en el verano de 2007 Rusia colocaba su bandera bajo el Polo Norte, en el verano de 2010 el gobierno de Canadá publicaba la Declaración sobre Política Exterior en el Ártico, cuyo primer punto reafirma “la antigua soberanía ártica de Canadá, basada en su titularidad histórica fundada en parte en la presencia de los Inuit y otros pueblos indígenas desde tiempos inmemoriales”. El ministro de Asuntos Exteriores canadiense, Lawrence Cannon, ha asegurado que “la importancia del Ártico y de los intereses de Canadá en el norte nunca han sido mayores”.
¿Se está fraguando un conflicto territorial por la disputa del Ártico? La retórica, los gestos y algunos artículos publicados en los últimos años parecen apuntar en esa dirección. Sin embargo, como afirma Stéphane Roussel, miembro del Observatorio de Seguridad y Política del Ártico de Canadá, nada en la actualidad confirma esa hipótesis. Según Roussel, las fronteras y el estatuto jurídico del Ártico están perfectamente establecidos en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que los cinco países árticos consideran como instrumento jurídico suficiente para resolver cualquier posible conflicto.

Esa visión coincide en gran medida con la de Rusia. Para Alexander Kuznezov, embajador ruso en España, “se ha formado una especie de mitología alrededor del Ártico”. El origen de este mito está en la confusión entre la situación de la Antártida (la tierra rodeada de agua) y el Ártico (el agua rodeada de tierra, con unas fronteras establecidas y reconocidas), asegura Kuznezov. Si la Antártida ha sido internacionalmente declarada zona para la investigación y la ciencia, libre de actividad comercial, económica o militar, en la región ártica cada país decide la explotación de sus recursos. Por otra parte, en el Ártico existen numerosas poblaciones indígenas asentadas.
Otro de los mitos árticos señalados por Kuznezov es la existencia de un conflicto para repartirse los recursos minerales, energéticos y pesqueros del Ártico: “hoy no hay nada que repartir”, sostiene el embajador, en referencia a las enormes dificultades actuales para acceder y explotar esos recursos.
Roussel señala, no obstante, que es preciso delimitar los riesgos a corto, medio y largo plazo. A corto plazo, los problemas están relacionados, por un lado, con el cambio climático y, por otro, con las dos únicas disputas fronterizas en la región, y que ambas involucran a Canadá (con EE UU sobre el mar de Beaufort y con Dinamarca sobre el mar de Lincoln). A medio plazo, los riesgos de conflicto podrían derivar de la explotación económica de los recursos, ya que se prevé un desarrollo de la industria pesquera, del turismo, así como mayores exploraciones de gas y petróleo. En cuanto a la navegación, Roussel asegura que las rutas del norte seguirán siendo minoritarias dadas las escasas horas de luz, las dificultades de navegación y la peligrosidad de un rescate en caso de accidente. El mayor potencial de conflicto estaría, según el experto canadiense, a largo plazo, y supondría una serie de amenazas para la seguridad global: tráficos ilegales por la región ártica, expansión del crimen organizado, contaminación y agresiones medioambientales, incremento de la presencia militar e incluso el establecimiento de grupos terroristas.
Entre las prioridades de rusos y canadienses en la región está su mantenimiento como zona de paz, además de la protección medioambiental y el desarrollo económico y social de las poblaciones indígenas. Si para Rusia es también fundamental mantener abierta y en explotación la ruta del noreste, que les comunica con los principales puertos del Pacífico, para Canadá es clave el ejercicio de su soberanía en la región.

Estudios de Política Exterior 

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