La empresa española dispara sus expectativas de negocio en Cuba

El nuevo escenario abre una dura competencia con Estados Unidos en la que España deberá afianzarse como tercer socio comercial con la isla, después de Venezuela y China


El histórico restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba tras más de medio siglo abre un nuevo escenario para la empresa española. Después de Venezuela y China, España es hoy el tercer socio comercial de la isla. En el horizonte hay claros, pero también nubes: habrá que competir con las firmas estadounidenses, que tienen lazos geográficos y familiares muy estrechos con Cuba. Según los datos de la Oficina Económica y Comercial de España en La Habana, entre las principales inversiones extranjeras en el país destacan varias españolas: turismo, transporte aéreo, producción de cemento y suministro de agua potable. Las empresas hoteleras tienen presencia en Cuba desde hace ya décadas: NH, Iberostar, Barceló o Meliá gestionan directamente establecimientos. Solo este último grupo, por ejemplo, tiene 27 hoteles en la isla, lo que supone el 15 % de las habitaciones que oferta en todo el mundo.
Sectores emergentes
De cara al futuro, las infraestructuras y el sector energético están llamadas a desempeñar un papel en la isla. Repsol fue la compañía más interesada con las prospecciones de gas y petróleo que inició ya en el 2012, pero la presión de EE.UU. por cuestiones económicas la empujó a abandonar el proyecto.
«España está perfectamente ubicada en todos los sectores de la economía cubana. Si realmente se va concretando lo que parece que se va a materializar, creo que tenemos mejores oportunidades que los empresarios de cualquier otro país», sostiene Julio Fontecha, presidente de la Asociación de Empresarios Españoles en la isla (AEEC).

En el caso de Galicia, la nueva etapa que se abre también genera oportunidades. Sin apenas inversión directa en la isla, con un volumen de comercio exterior residual (las exportaciones gallegas a Cuba supusieron 28 millones en el 2013, apenas el 0,1 % del total), Cuba ofrece también enormes oportunidades para la empresa gallega. Justo un año antes de que se anunciara la histórica apertura de relaciones, en diciembre del 2013, Feijoo visitaba la isla y se reunía con Raúl Castro. «Los casi 40.000 gallegos que residen en las isla son la principal razón por la que Galicia nunca se cerrará a Cuba», dijo entonces el máximo mandatario gallego.
La Xunta sostiene que la colaboración económica con la isla puede ser especialmente beneficiosa para algunos sectores. Es el caso, por ejemplo, de las energías renovables, la pesca, la construcción naval, la transferencia de conocimiento, la biotecnología, la investigación médica, la energía y la industria agroalimentaria. Pero el desarrollo de las relaciones también depende de que se concrete, definitivamente, el fin bloqueo a la isla, de forma que el país mejore sus recursos para poder importar más bienes del extranjero.
El conjunto de las exportaciones españolas a Cuba, según el Ministerio de Industria, suman 800 millones de euros, una cifra muy por encima de lo que pesan en Galicia. Las importaciones españolas desde la isla equivalen a solo 200 millones.
La mejora de las expectativas de negocio de las empresas del Estado con Cuba se remontan incluso a días antes de que Raúl Castro y Obama oficializasen la apertura de relaciones tras más de cincuenta años. La promulgación de la nueva Ley de Inversión Extranjera en Cuba había levantado ya grandes esperanzas. De hecho, el tejido empresarial en España y en Galicia está analizando con detalle las nuevas regulaciones y la cartera de inversiones que el Gobierno de Castro ofreció a comienzos de noviembre: 8.000 millones de euros en 246 proyectos a corto y medio plazo. Un programa de apertura sin precedentes en un régimen que había permanecido cerrado. La pequeña y mediana empresa en España y en Galicia, que todavía se enfrenta a un mercado interno muy castigado por la crisis más larga de la democracia, ve en la internacionalización un flotador. Y Cuba precisa capital, bienes de equipo y tecnología para poner en marcha un nuevo modelo de desarrollo.
Sin apenas liquidez, muy dependiente del aparato del Estado, el sector productivo de Cuba necesita de la inversión extranjera. Sin embargo, el proyecto normativo ha despertado algunas reticencias en los inversores, como la dependencia de las agencias de empleo de la isla para contratar personal local. Tampoco ayudaría una dualidad monetaria marcada por la depreciación del peso cubano y la dependencia de los dólares.
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